¿Quién recibió con alegría a los primeros americanos?

Ciencia

15 de Diciembre del 2011

Llevaba días dándole vueltas a la idea. Conocía la realidad de su estatus dentro del clan y sin embargo, aun sabiendo que él  no era el líder, no conseguía liberarse del peso del mundo sobre sus hombros. El destino de su gente le preocupaba y mucho. Se sentía responsable de sus congéneres.

Odín contaba con el apoyo de gran parte de los jóvenes del clan. Después de todo, había compartido grandes aventuras con algunos de ellos en su viaje de iniciación y esto les había unido más si cabe. Eran sus hermanos.


La situación era realmente complicada para todos. El frío había llegado para quedarse y no estaban preparados para un invitado tan exigente que decide quedarse más de la cuenta. Los víveres escaseaban y la monotonía hacía mella, especialmente entre los jóvenes, más necesitados de quemar adrenalina. La tradición, transmitida generación a generación a bordo de notas musicales y escenificaciones, obligaba a no aventurarse en el blanco olvido. Pero la necesidad apremiaba y los límites frente al miedo eran difusos a estas alturas.


El viaje de iniciación había consistido en aventurarse en la dirección del sol. Recorrieron valles y montañas durante varias estaciones, y llegaron allí donde sus antepasados decían que el mar se hacía eterno. Pero allí no pudieron encontrar ninguna eternidad. El mar agonizaba, todo era diferente, se acercaba el cambio. Volvieron sobre sus pasos para contárselo a los demás.


Al alba, Odín recogió parte de sus pertenencias, se abrigó concienzudamente, y avanzó con determinación hacia la salida de la cueva, con una firmeza inquebrantable en su mirada, dirigida hacia el sol. Tras él mujeres y hombres jóvenes del clan en busca de un nuevo mundo.


¿Quién recibió con alegría a los primeros americanos?


El sol golpeaba implacable esa mañana. Quizás se estaba alejando demasiado del pueblo, varios kilómetros ya, pero el joven Ridgely Whiteman tenía un presentimiento. Bien pertrechado con toda su equipación de Boy Scout, se encontraba tras la pista de nuevos trofeos para su colección de puntas de lanza y flecha. A sus 19 años se había convertido en todo un experto en herramientas y armas de los pueblos indios.


A pesar de lo dura que estaba resultando esta excursión, en su cabeza se repetía una y otra vez que adelante,  que su perseverancia tendría resultado. Se paró en un pequeño arroyo y se limpió la cara de sudor y polvo del terreno. Aprovechó el descanso para refrescarse la cabeza y beber agua. Levantó la cabeza para recolocarse el sombrero y llamó su atención un pequeño claro junto a unos árboles de ribera.  Ese tenía que ser el lugar.


Inspeccionó el lugar, sacó una pequeña libreta y comenzó a tomar notas. Aplazó rápidamente esta tarea, que podría finalizar más tarde, y empezó a recorrer el suelo fijándose palmo a palmo. Escarbaba con la mano de vez en cuando, recogía pequeñas piedras, se las llevaba a la altura de la nariz para observarlas y las desechaba. Alguna que otra vez hacía uso de una pequeña pala para excavar más profundo.


Pasaron horas así mientras el sol iba cayendo a la par que la ilusión. Cuando nuestro joven aventurero estaba a punto de abandonar decidió que un último intento valía la pena. Eligió un nuevo punto, retiró el polvo con la palma de la mano, cogió la pequeña pala de mano y excavó. Un, dos, tres intentos, y allí estaba, una pequeña punta de lanza. La cogió, se la llevó a la altura de la nariz y la miró extrañado. Era diferente a  todas las que él conocía.


Clovis es un pequeño pueblo de Nuevo Méjico, en el sur de los Estados Unidos. A escasos kilómetros de allí, en el año 1929, se localizaron los restos de una civilización hasta entonces desconocida. Se decidió el nombre de Civilización Clovis para estos ancestros, aunque también se les conoce como Cultura Llano. El signo distintivo de los restos hallados eran las puntas de lanza de piedra, que en este caso tenían una forma aflautada. La datación geológica correspondiente a este yacimiento corresponde al intervalo entre los años 11250 a.C. y 10600 a.C., la última Era del hielo.


Desde entonces no son pocos los nuevos yacimientos pertenecientes a esta civilización encontrados, pero no han aportado mucho como para conocer con exactitud el modo de vida de estos antepasados. Sabemos que cazaban grandes piezas, como los extintos Mamuts, que llegaron al continente americano por el puente de Beringia, entre Siberia y Alaska, y que fueron los primeros pobladores del continente. O tal vez no lo fueran.


A lo largo de todo el siglo XX ha existido una gran controversia en la comunidad científica acerca de la llegada de los seres humanos al continente americano. Existen dos teorías contrapuestas. La teoría del poblamiento tardío, que defiende que los Clovis fueron los primeros pobladores, y la teoría del poblamiento temprano, que defiende que para cuando éstos llegaron, ya existían residentes en América.


Lo que nadie pone en duda es que el puente de Beringia fue utilizado como punto de acceso. Con las glaciaciones es tal la producción de hielo que hasta los mares pierden agua y retroceden en sus límites. El actual estrecho de Bering quedó expuesto en la última Era de hielo y permitió que audaces y valientes buscaran oportunidades en el nuevo mundo. Análisis genéticos realizados a los pueblos amerindios certifican que la genética amerindia es coincidente en un 90% con la genética asiática, lo cual demuestra que la mayoría de los primeros pobladores del continente americano llegaron desde Asia a través del puente. Pero existe un 10% del cual se desconoce su origen. ¿Por dónde llegaron?


Uno de los yacimientos más antiguos que se conocen en América es el de Old Crow, en Canadá. Allí se encontraron los restos de un bisonte con marcas de corte sobre los huesos, realizadas por humanos hace 72000 años, una fecha muy anterior al yacimiento de Clovis. Otros yacimientos también muestran dataciones anteriores, como Monte Verde, en Chile, o Topper, en California.


Un nuevo hallazgo ha tenido lugar durante el año 2011, de la mano de los profesores Eske Willerslev, de la Universidad de Copenaghe, y Michael Waters, de la Universidad de Texas, y que vuelve a tambalear la teoría del poblamiento tardío. En un yacimiento de Alaska han encontrado una punta de lanza entre los restos de un Mamut, 1000 años más antigua que la llegada de la Civilización Clovis.


Por lo tanto, parece claro que el puente de Beringia fue la principal puerta de entrada en la última Era de hielo. No existe discusión posible acerca de que solo la especie humana consiguió llegar al continente Americano en detrimento del resto de especies del género Homo, pero nos siguen faltando respuestas. ¿De dónde, cómo y cuándo llegaron los pobladores anteriores?





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