Llullaillaco, un descubrimiento de altura

Ciencia

29 de Diciembre del 2011

Basajaun (el señor de los bosques) es un ser mitológico vasco. Posee forma humana, es de gran porte y su cuerpo está cubierto de pelo con una melena muy larga que le llega hasta los pies. Es un ser protector de los rebaños y avisa cuando se acerca tormenta o los lobos acechan. A cambio, solo se hace con un pedazo de pan mientras los pastores duermen. Otras versiones difieren de este carácter bondadoso y lo citan como un ser terrorífico con el que es mejor no toparse.

Es curioso lo similar que es Basajaun a los Trolls de Noruega, los Ogros de Inglaterra o los Yetis del Himalaya.


Todas las grandes culturas y civilizaciones se han mostrado fascinadas por los bosques y las montañas. El monte Sinaí, el Olimpo o los Andes son una muestra de ello.


Y es que las montañas son sagradas. Esto mismo le escuché decir a Constanza Ceruti, la única mujer que practica la arqueología de altura, el pasado 6 de mayo de 2011, en la conferencia que impartía en el TOPIC de Tolosa con motivo de las jornadas Naturaldia.


Constanza Ceruti encontró la manera de combinar sus dos pasiones, la montaña y la arqueología, en su profesión.


En su currículum grandes logros, tras ascender más de 100 cimas superiores a 5000 metros y descubrir diferentes yacimientos en los Andes, entre los que destacan las momias de Llullaillaco.


“En los Andes viven los espíritus de los ancestros y de sus cumbres desciende el agua que nos da la vida. La montaña es la deidad”. Para los Incas los niños y las mujeres vírgenes son los únicos que pueden interceder con los dioses, por lo que éstos eran ofrecidos por las familias para desempeñar tal función. Eran preparados y tras la celebración de una ceremonia que congregaba a todos, partían hacia diferentes lugares en las montañas acompañados de sacerdotes. Los santuarios andinos se encontraban a una altura de unos 5000 metros. Hasta allí sufrían la ascensión sacerdotes, acompañantes y los futuros sacrificados, sin ningún tipo de equipo ni preparación frente a las inclemencias meteorológicas o el mal de altura.


Llullaillaco, un descubrimiento de altura


El año 1998 fue especial para Constanza Ceruti. Recibió una invitación de National Geographic para trabajar con Johan Reinhard, toda una eminencia en el campo de estudio. Tras pasar 5 meses trabajando en un volcán activo pasaron a trabajar en un yacimiento en el volcán Llullaillaco, a una altura de unos 6300 metros. El nombre del volcán quiere decir “agua engañosa” en quechua, debido a sus nieves perennes que no dan lugar a ningún arroyo. Mientras estudiaban otros restos, tras un mes de trabajo, fueron a dar con las momias.


Se trataba de 3 cuerpos de unos 500 años de antigüedad, estupendamente bien conservados por el frío. Eran un niño de 7 años, una niña de 6, conocida como la Niña del Rayo, ya que la momia había sufrido el impacto de uno y se encontraba deteriorada, y una adolescente de 15 años, La Doncella.


Inmediatamente iniciaron los trámites para el rescate de las momias, para que así no fueran expuestas a los buscadores de tesoros. No repararon en precauciones y contaron incluso con sacerdotes quechua, para que llevaran a cabo los ritos necesarios para pedir permiso a la montaña.


Actualmente “Los niños de Llullaillaco” se encuentran en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.


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